Maltrato infantil y educación

no al maltrato

En la actualidad está muy vigente el problema del maltrato infantil. Millones de niños viven sometidos a trabajos forzados, prostitución, hambre, frío, careciendo de educación y atención médica por irresponsabilidad social y familiar, y se agrava constantemente la situación por el empeoramiento de las condiciones de vida, incremento de la pobreza, drogadicción, alcoholismo y delincuencia, sometiéndosele cada vez más a violentas formas de castigo corporal físico, o a las más sutiles torturas psicológicas, negligencias y negación de sus más elementales derechos.

La familia como eje central de la vida y la sociedad es la responsable del desarrollo de los niños. Contradiciendo mitos, la violencia familiar existe en todas las clases sociales y provoca un grave y profundo deterioro de la misma.

MALTRATO INFANTIL

El concepto de maltrato infantil en un principio hizo referencia al maltrato físico donde influían en mayor medida los criterios médicos-clínicos y a la explotación laboral de los niños pequeños. Este concepto fue evolucionando y con el correr del tiempo y de diferentes discusiones que se plantearon sobre el tema, se llega a la actualidad basándose  especialmente este término en las necesidades y derechos de los niños. Otros factores que determinan el concepto de maltrato infantil son la perspectiva histórica, el modelo médico, las teorías psicológicas, sociológicas y políticas; como así también el punto de vista legal y educativo, las creencias y actitudes de la sociedad, los índices de violencia y criminalidad, la visión biológica de la agresión y a la concepción de familia como sistema.

La Convención de los Derechos de los Niños, aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en 1989, en su artículo 19 se refiere al maltrato infantil como “toda violencia, perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, maltrato o explotación, mientras que el niño se encuentre bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquiera otra persona que le tenga a su cargo”.

En otras palabras, la evolución y ampliación del concepto de maltrato se debe al avance de la sociedad, en general, y específicamente en relación con la infancia, con sus derechos y libertades, desarrollo socioeconómico, educación, y con la formación y sensibilización de los profesionales sanitarios. Estableciendo así un concepto de maltrato infantil que incluye tanto lo que se hace (acción), como lo que se deja de hacer (omisión) o se realiza de forma inadecuada (negligencia), ocasionando al niño no solamente daño físico, psicológico-emocional y social, sino que considerándolo una persona-objeto de derecho incluye su bienestar, y cuyos autores pueden ser las personas (familiares o no) y las instituciones (maltrato institucional).

CARACTERÍSTICAS:

El maltrato infantil es un problema de una gran complejidad y variedad ya que en la mayoría de los casos surge como consecuencia de un entorno familiar multiproblemático.

Dentro del maltrato infantil se han considerado un gran número de factores de riesgo, de los cuáles la mayoría han sido identificados a través de estudios retrospectivos, pero que no se consideran como suficientes ni necesarios para que se produzca el maltrato.

Algunos factores que se consideran de riesgo para que se produzca el maltrato infantil toma como base a la madre y su relación de pareja que están fuertemente relacionados con una historia de falta de soporte social, acontecimientos vitales estresantes recientes, problemas psiquiátricos maternos, embarazo no deseado, historia de violencia en la infancia de los padres, el maltrato previo del niño por el compañero de la madre, la mala relación entre la madre y sus padres, baja autoestima de la madre, y falta de asistencia a clases prenatales. Como así también el aislamiento del niño respecto de las redes sociales que podrían protegerlo; el silencio o la negación del problema que padece; la “naturalización” de determinados hechos violentos por parte de la sociedad o la comunidad en la que vive y el sentimiento de culpa por el cual el niño se siente merecedor del castigo que recibe.

También existen factores de compensación que tienden a disminuir la posibilidad de maltrato o a equilibrar los factores de riesgo; éstos son factores que en general se  relacionan con los apoyos sociales, familiares y de pareja que forman redes de contención para el niño sometido al maltrato, además las acciones que estimulen la autoestima y la confianza en sí mismo pueden ayudar al niño a darle otro significado a su realidad desde una configuración nueva, contribuyendo a evitar la repetición del modelo violento.

Existen diversos tipos de maltrato infantil cada uno de los cuales tiene su propia definición, su propio motivo y sus propias consecuencias.

Entre los diferentes tipos de maltrato infantil encontramos:

Maltrato físico: el maltrato físico es  definido como cualquier acto intencional producido por parte de los padres o cuidadores, que cause o pudiera haber causado daño físico a un niño, o le sitúe en grave riesgo de padecerlo. Dentro de éste encontramos a las lesiones que son de tipo de lesión cutáneo-mucoso, quemaduras, osteoarticulares, intracraneales, viscerales oculares o ano-genitales, con las siguientes características:

  • Retraso en consultar con los servicios sanitarios (demanda diferida) y explicación que no concuerda con los hallazgos físicos.
  • Hematomas u otras lesiones en distinto momento evolutivo.
  • Heridas o marcas que reproduzcan la forma de un objeto (hebilla, cinturón, mano, etc.).
  • Quemaduras no accidentales: de bordes nítidos, en zonas de castigo (orejas, glúteos, mejilla, etc.), en guante o calcetín (simétricas) o con la forma del objeto causal como una plancha o un cigarrillo.
  • Lesiones característicamente asociadas a maltrato son: hemorragias retinianas, fracturas costales posteriores, hematomas y fracturas relacionadas por mecanismo de torsión y estiramiento.

Maltrato psicológico: como maltrato psicológico se considera a aquellas situaciones repetidas, en las que los adultos significativos de los que depende el niño (padres, educadores, tutores), son incapaces de organizar y sostener un vínculo afectivo de carácter positivo, que proporcione la estimulación, el bienestar y el apoyo necesario para su óptimo funcionamiento psíquico. Es uno de los tipos de maltrato infantil más difícil de definir y detectar, ya que hay que valorar la intencionalidad. Dentro de éste podemos encontrar dos subdivisiones:

  • Maltrato pasivo: abandono emocional o negligencia en el cuidado psicoafectivo.
  • Maltrato activo: interacción del adulto marcada por la violencia verbal a través de amenazas, castigos excesivos, críticas, aislamiento, que hacen sentir al niño culpa o terror, corrompen su conducta, etc.

Los síntomas son inespecíficos, y es frecuente que coexista con otro tipo de maltrato.

Abuso sexual: es definido como cualquier clase de contacto o interacción entre un niño y un adulto, cuando éste usa al niño para estimularse sexualmente el mismo, al niño o a otras personas. El abuso sexual infantil puede también ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando éste es significativamente mayor (diferencia de 5 años) que la víctima o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre él. Existen diferentes categorías de abuso:

  • Incesto: el agresor es un padre, un hermano, tío, sobrino o un adulto que esté asumiendo de manera estable el papel de los padres.
  • Violación: el agresor es otra persona no señalada en el punto anterior.
  • Vejación sexual: el contacto con el niño alienta o permite que éste haga lo mismo con el adulto.
  • Abuso sexual sin contacto: seducción verbal, exposición de los genitales, masturbación o realización del acto sexual en presencia del niño con objeto de obtener placer.

Maltrato pasivo. Negligencia y carencia afectiva: La negligencia es la forma más frecuente de maltrato y frecuentemente va unida a otros tipos de abuso. En este tipo de maltrato se encuentran situaciones en las que las necesidades físicas básicas del menor no son atendidas temporal o permanentemente por ningún adulto responsable del niño.

Para que éste se considere como maltrato se requiere que se cumplan unas condiciones de cronicidad (que sea reiterado y continuo) y omisión.

Lo podemos reconocer en:

  • Higiene: sucio y descuidado, dermatitis del pañal frecuentes, etc.
  • Vestido: inadecuado o en malas condiciones.
  • Alimentación: mal reglada, déficits nutricionales, etc.
  • Atención médica descuidada, falta de vacunas, etc.
  • Retrasos madurativos o de crecimiento no orgánicos.
  • Inadecuadas medidas de higiene y seguridad en el hogar.
  • Falta de escolarización o de asistencia escolar.
  • Ocio inadecuado, falta de supervisión por adultos, etc.

Por otra parte la carencia afectiva se puede observar en relación a diversas situaciones de institucionalización precoz de los niños, o en situaciones de convivencia familiar con gran discontinuidad, múltiples cuidadores o distorsión del vínculo afectivo.

Los síntomas que podemos visualizar en los primeros meses son: falta de contacto visual, indiferencia a rostros humanos, movimientos de auto estimulación. Posteriormente, falta la reacción de ansiedad ante extraños, preferencia por objetos inanimados, lenguaje pobre, manipulación repetida y no funcional de objetos.

El maltrato infantil suele estar relacionado a comportamientos particulares, entre los que podemos mencionar:

  • La tendencia al ocultamiento de los hechos.
  • La noción de que se trata de un comportamiento privado e íntimo.
  • La justificación de eventuales acciones violentas que, bajo el supuesto de constituirse en “medidas correctivas”, se toman por su bien.
  • La creencia de que ser el padre o tutor da derecho a ejercer la autoridad en forma violenta.

Esta lógica puede llegar a inhibir la intervención de vecinos, familiares o docentes, ya que pueden sentir que es una intromisión en la vida privada de la familia. La ley es clara al respecto, cualquier vulneración de los derechos de un niño, ocurra en el ámbito público o privado, es un asunto de interés público.

DESDE LA EDUCACIÓN:

La escuela no está aislada del mundo que la rodea. Podríamos decir que «el mundo» no solo la rodea, sino que la atraviesa, irrumpe y se hace presente, sin avisar. Docentes, alumnos son sujetos que viven en un espacio-tiempo que sitúa objetivos y límites, ocasiona ansiedad y miedo. No estamos «afuera» del mundo cuando entramos a la escuela; seguimos en el mundo, aunque de otras maneras.

Dentro de este contexto en el que se encuentra la escuela conviven muchas personas con diferentes clases de problemas personales que son llevados a este ámbito. Generalmente los problemas que llevan los niños a la escuela son los que tienen dentro de su familia, como por ejemplo lo puede ser el maltrato infantil.

En el ámbito escolar resulta difícil detectar y buscar soluciones a este tipo de problemas.  La primera respuesta ante posibles señales de maltrato infantil se relaciona a la dificultad para aceptar su existencia. Es frecuente que se pasen por alto varios indicios hasta que la concentración de diversos signos nos lleve a advertir que “algo raro está pasando”. Aún más grave es la situación de los niños que lo cuentan, piden ayuda y no se les cree. De este modo padecen una “segunda victimización” y aumentan en ellos los sentimientos de soledad e indefensión, como así también se les impide la posibilidad de ser protegido.

El maltrato intrafamiliar a niños rompe con símbolos muy fuertes de nuestra cultura, entre ellos, la idea de que la familia es un espacio de amor y cuidado para los miembros que la componen.

Una de las tantas creencias que interfieren para la captación del problema que atraviesan los niños maltratados, es la imagen que predomina acerca del perfil de los padres violentos o de los padres abusadores. Sobre ellos se suele pensar que podrían ser fáciles de reconocer, porque se trataría de personas que exhiben una actitud amenazadora o desequilibrada. Sin embargo, es una idea que no se ajusta a la realidad, en muchos de los casos, no es una persona con trastornos de relación evidentes fuera del hogar. Puede presentar un comportamiento dual: en los ámbitos de interacción social se desenvuelve de un modo diferente que dentro del ámbito privado; en la casa es “violento” y en el afuera es “normal”.

Desde el ámbito educativo, en casos de maltrato, la prioridad es la protección integral del niño. No le corresponde a la escuela determinar quiénes son los responsables del maltrato ya que esa tarea les compete a otros organismos públicos. La escuela debe actuar detectando, educando y solicitando intervención de equipos profesionales especializados en la temática.

A la hora de identificar un maltrato se debe tener en cuenta las siguientes situaciones:

  • Cambios de comportamiento, en las que podemos mencionar: ausencias reiteradas sin motivo o con excusas, poco interés o escasa motivación por la tarea, aislamiento, temor exagerado ante las comunicaciones eventuales de los docentes hacia los padres, uso de ropa de mangas largas aún en épocas de elevada temperatura, irregularidad o actitud negligente en el cuidado de la salud del niño por parte de los adultos a cargo, retraso en el desarrollo físico, emocional o intelectual, etc.
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  • Formulación de un pedido de ayuda, ya sea a un compañero o docente.

Para identificar la existencia de maltrato se sugiere la realización de dos acciones básicas: observar e informarse.  Observar al alumno en diferentes momentos y situaciones atendiendo a su aspecto externo, las relaciones con sus pares, con otros adultos, la asistencia al colegio, los contactos con la familia. Informarse sobre las situaciones de vida que atraviesa la familia del alumno, como así también obtener y compartir información con los docentes anteriores y actuales.

Frente al problema de la violencia familiar existen distintas formas de intervención que se pueden encarar desde la escuela. Algunas son:

  • Estar actualizado con respecto a las leyes referentes de los derechos en materia de infancia y adolescencia; con las normativas internas acordes a la Convención sobre los Derechos del Niño, con las problemáticas de la violencia, el maltrato intrafamiliar y las formas pacíficas de resolución de conflictos.
  • Trabajar estos temas como contenido en el aula, realizando talleres y grupos de reflexión entre los integrantes de la comunidad educativa para abordar la problemática.

Cuando creemos que nos encontramos ante un hecho concreto se debe actuar de manera más específica, como por ejemplo:

  • Realizar intervenciones preliminares (entrevistas, observaciones, etc.) para evaluar adecuadamente el problema.
  • De ser necesario, derivar y/o denunciar a los organismos pertinentes.
  • Brindar contención al niño afectado y a los compañeros, durante el período que sea necesario, pidiendo para ello apoyo y orientación de un equipo técnico.

El estilo de vínculo que se establece entre docente y alumno transmite en sí mismo una enseñanza. Por tal motivo, y en estos casos en especial, es crucial que la estrategia de intervención constituya una oportunidad para que el niño perciba que existen modos de solución a los problemas que se gestionan sin agredir ni desconocer sus derechos. Éstos lo ayudarán a afrontar situaciones adversas sin apelar a las respuestas violentas como única opción.

Cuando se habla de la importancia de contener a un niño que atraviesa una situación difícil, se refiere al hecho de cuidar y sostener a través de nuestras palabras, actitudes o acciones al niño o al grupo que confió en nosotros. Por ejemplo se puede intentar: brindarle al niño la seguridad de que no se lo va dejar solo para afrontar su problema, que se le cree, que se respetan sus silencios y sus tiempos. Demostrarle empatía con sus necesidades y sobre todo, ayudarle a comprender que no es culpable por lo sucedido; y que lo vamos a ayudar, querer y respetar incondicionalmente.

El maltrato infantil constituye una grave violación a los Derechos del Niño y la infancia, ya que el concepto de este se basa tanto en las acciones, como lo que se omite hacer o aquello que se realiza de forma inadecuada o con un trato negligente, y que ocasiona al niño no solamente daño físico, psicológico-emocional y social, sino que incluye su bienestar, y cuyos autores pueden ser las personas y las instituciones.

Los niños que son victimas del maltrato en su infancia tendrán graves consecuencias en su desarrollo posterior en el que va a tener menos posibilidades de educarse correctamente, también afectando su futuro desenvolvimiento social pudiendo repetir los patrones de los que ha sido víctima en su niñez.

Uno de los hechos que mayormente preocupan cuando ocurren hechos de violencia en el interior de una familia es el ocultamiento y la familiarización de la situación que se observa en los sujetos que son parte de esta realidad y que obstaculizan los intentos que se efectúan para poder cambiarla.

Dentro de esta problemática la función de la escuela y el docente es detectar el maltrato, informarse correctamente para poder contener al niño de acuerdo a sus necesidades y dirigirse a los organismos públicos que se encarguen de esta problemática.

BIBLIOGRAFÍA

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“Quien acumula muchos recuerdos felices en su infancia, está salvado para siempre”

Fiódor Dostoyevski

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