El lenguaje gráfico en la Literatura Infantil

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Libros álbum

Texto e imágenes: «La articulación de un discurso» por Lic. Ma. Fernanda García

A veces la ilustración aparece como un elemento que, de primera vista, permite diferenciar una obra para niños de una para adultos. En Occidente el referente es casi obligado: si tiene dibujos, probablemente sea para niños (a excepción de los cómics y los libros de arte). Es cierto que la literatura infantil se ha nutrido del lenguaje gráfico como un elemento para completar y articular su discurso. Por un lado, estos libros utilizan la ilustración como un adorno o acompañamiento al texto, una repetición de lo dicho desde el mensaje escrito. Por otro lado, está el libro álbum, definido por Barbara Bader como:

«[…] texto, ilustraciones, diseño total; es obra de manufactura y producto comercial; documento social, cultural, histórico y, antes que nada, es una experiencia para los niños. Como manifestación artística, se equilibra en el punto de interdependencia entre las imágenes y las palabras, en el despliegue simultáneo de dos páginas encontradas y en el drama de dar la vuelta a la página.».[1]

Esta definición contempla la existencia de tres elementos primordiales en la construcción de un álbum: diseño, ilustración y texto. La interacción entre éstos construye una narración completa, juntos articulan un discurso, por separado parecen incompletos. Sirve aislar los elementos, mirarlos individualmente para notar que el texto es incomprensible sin las imágenes y viceversa. En el caso del diseño, éste es el elemento que crea tensión dramática cuando los otros dos se unen; es una suerte de tercer narrador que marca el ritmo de los sucesos. El acercamiento a estas obras supone varios niveles de lectura y la comprensión de dos lenguajes básicos: una doble traducción.[2] Hay que mirar cada una de sus partes, claro, pero entendiendo que funcionan como un todo.

La mayoría de las veces se mira a estas obras como libros con pocas palabras, lo que para los adultos supone que simplificaría el proceso. Sin embargo, lo que sucede en estas lecturas es un proceso complejo que el niño debe reforzar con la repetición del acto. Los niños piden que sus padres o maestros les lean o les dejen leer los libros una y otra vez. Mediante este proceso se completan los huecos que dejó la experiencia anterior. La repetición construye el significado.

La narración a través de imágenes no es nada nuevo, todo lo contrario, es la forma más primitiva de representar algo que le pasa a alguien, de contar historias. Sin embargo, el álbum ilustrado toma fuerza durante la segunda mitad del siglo XX con autores-ilustradores o mancuernas que piensan sus obras como la unión de elementos estéticos para un público definido: los niños

Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, es el punto de partida para hablar de ello. El autor construye un universo en torno a una problemática infantil: un niño que se pelea con su madre y escapa a un lugar donde su monstruosidad tiene un lugar. Este sitio se construye a través de la ilustración, mediante recursos gráficos el cuarto de Max se convierte en otro lugar. El diseño de la página marcará la pauta para el espectador/lector. Cuando Max se adentra más a donde viven los monstruos, la ilustración toma un papel protagónico, incluso el texto desaparece en ciertos momentos y reaparece cuando el niño está por volver a casa; al mismo tiempo, la ilustración se hace cada vez más pequeña.

Los recursos empleados por Sendak en esta obra, marcaron una tendencia en la literatura infantil de los años sesentas y en décadas posteriores. No sólo por la ilustración, también porque sienta el precedente de un niño rebelde que decide escapar de la realidad y construir un mundo lejos del de los adultos sin sufrir consecuencia alguna. Revela ese poder de los niños de abstraerse de un mundo por el que sienten un profundo desprecio, problemas universales que mantienen a la obra vigente.

Esta idea en torno al niño y el lenguaje gráfico serán la línea que poco a poco seguirán algunos autores-ilustradores de la segunda mitad del siglo XX; Eric Carle con La oruga glotona y Leo Leonni con Frederik, por mencionar a algunos. Seguidos por una generación de creadores «completos», éstos se sienten cómodos tanto con las palabras como con las imágenes: Anthony Browne, Chris Van Allsburg y Babette Cole entre muchos otros. Todos conscientes del niño como un doble lector «especializado».

Al siglo XXI el álbum llega posicionado en el mercado internacional, aparece como el referente esencial e inmediato de la LIJ. A partir de los ejemplos paradigmáticos y del dominio de los lenguajes, se construyen obras propositivas sin palabras y en formatos experimentales: acordeón, pop-ups, suajados, con tinta glow-in-the dark y un largo etcétera. La evolución del álbum y sus temas, marcan la tendencia actual del mundo de los libros para niños. Propuestas como la de Shaun Tan, Jimmy Liao, Oliver Jeffers, Isol, Adolfo Serra y Suzy Lee, exploran temas duros para poner sobre la mesa y no escatiman en recursos ni literarios ni gráficos, porque ven en su lector a un observador de detalles con un amplio criterio estético. Se renuevan constantemente con el fin de enriquecer la experiencia estética.

Extraído de: TEXTO E IMÁGENES: LA ARTICULACIÓN DE UN DISCURSO por María Fernanda García en Tierra Adentro.

[1] Bader, Barbara, American Picture Books from Noah’s Ark to the Beast within, 1976.

[2] Arizpe, Evelyn, Lectura de imágenes. Los niños interpretan textos visuales, FCE, 2003, p.47

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