ESTIMULACIÓN SENSORIAL

La estimulación sensorial es una serie de técnicas y ejercicios son muy beneficiosos desarrollo de los sentidos.

materiales de estimulación sensorial

No les ha pasado que sus pequeños están durante el día muy inquietos y a veces no sabes que hacer para distraerlos, hoy les muestro estas actividades son una solución perfecta, muy sencillas de organizar y te garantizan un divertido rato en familia y a la vez desarrollan y estimulan a nuestros peques.

Esto constituye el primer elemento sobre el que se construye cualquier aprendizaje, ya que supone la primera etapa del desarrollo de las funciones cognitivas básicas (atención, memoria) y permite el desarrollo de las funciones cognitivas superiores (resolución de problemas, razonamiento, lenguaje y creatividad).

Genial video de Mami GisGlei

Sonia Fox: «Sentir y pensar en el aula»

«Sentir y pensar en el aula» en palabras de Sonia Fox. La profesora expresó «Es preciso comprender que sentir y pensar son dos caras de la misma moneda, porque los circuitos neuronales propios de cada una están conectados en el cerebro. No podemos ni debemos separarlos cuando sostenemos que se debe ofrecer una educación integral. En la integración, en la mirada holística de la persona, están enlazadas todas las dimensiones del ser humano».

sonia fox sentir y pensar en el aula

Rafael Bisquerra, catedrático de Orientación Psicopedagógica en la Universidad de Barcelona, sostiene que en los años 90 surgió una “revolución emocional” que se manifestó en un aumento exponencial de publicaciones y estudios en materia de salud y educación. Tanto resultó así que algunas de las universidades más prestigiosas pusieron a disposición de los estudiantes carreras de posgrado, diplomaturas y programas de Educación Emocional, que demuestran el resultado positivo observado tanto en el rendimiento académico como en el bienestar personal de niños, adolescentes, jóvenes y docentes.

Entre las instituciones que ofrecen posgrados y maestrías en Educación Emocional se pueden destacar, en España, las universidades de Cantabria, de Málaga, de Barcelona y de La Rioja; la Universidad Mayor, en Chile; la Universidad de Derby, en Inglaterra; y la Universidad de Stanford en Estados Unidos. “Muchos de los problemas que afectan a la sociedad actual (drogas, violencia, prejuicios étnicos) tienen un fondo emocional”, destaca Bisquerra.

En el último tiempo, estudios realizados por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de Calidad en la Educación de la Unesco en más de una decena de países de América Latina y el Caribe permitieron destacar que, en alumnos, el factor que más peso tuvo al momento de rendir exámenes de lectura, matemática y ciencias fue “el ambiente emotivo favorable al aprendizaje”. Cuando se incluye a las emociones en el aula, indicó el organismo, se fortalecen las relaciones interpersonales y se crea un clima que favorecerá el desarrollo de competencias emocionales y el rendimiento académico; emoción y cognición se complementan, enriquecen y sostienen mutuamente.

Para Juan Casassus, doctor en Economía de la Educación, el clima del aula es un factor que incide en el aprendizaje y se construye a partir de otras variables. La primera de ellas es el tipo de vínculo que se establece entre el docente y sus alumnos. La segunda, la relación que se da entre los propios estudiantes. El clima en el aula nace a partir de las relaciones y los vínculos emocionales que se establecen allí, y va más allá de los textos escolares, el edificio o el número de profesores por alumno. Se trata de algo más sutil e inmaterial: el clima emocional del aula.

Separar. Lamentablemente, el aula siempre fue el dominio de la razón, de lo cognitivo; había que dejar las emociones “en casa”, como suelen decir algunos profesores a los alumnos de secundaria. Pero lo cierto es que no se quedan allí, sino que están presentes en todo momento.

En un aula se experimentan múltiples estados emocionales. Algunos podrán ser parecidos, como cuando los estudiantes reaccionan ante el profesor por sentir alguna injusticia. Pero en cada alumno es diferente la manera de vivenciar y sentir una misma situación. Esto depende de los factores genéticos, las experiencias de vida y el entorno sociocultural de cada uno. De lo otorgado por la naturaleza y lo adquirido mediante la experiencia. Más allá de poder establecer un porcentaje de impacto en cada uno, lo cierto es que todo está presente, configurando quiénes somos. Los estresores que afectan el aprendizaje pueden relacionarse con los conflictos sociales y/o aspectos académicos.

La autora Jane Bluestein planteó 66 eventos o experiencias que pueden provocar estrés o dolor y comprometer la seguridad emocional. Algunos de ellos son tener que completar una actividad o tarea que está por encima del nivel de comprensión o capacidad; obtener instrucciones o consignas poco claras; no recibir ayuda ante las dificultades, y no tener suficiente tiempo para completar un trabajo.

Del constructo de inteligencia emocional deriva el desarrollo de competencias emocionales, que son el conjunto de conocimientos y capacidades, habilidades y actitudes necesarias para realizar actividades diversas con un cierto nivel de calidad y eficacia.

Trabajadores

El mundo profesional también demanda estas competencias, a las que llama “habilidades blandas”. Una investigación realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2012 señala que el mercado laboral en América Latina da prioridad a las habilidades socioemocionales por sobre las cognitivas, por eso la importancia y la necesidad de desarrollar las competencias emocionales a través de la educación. Las personas deben saber manejarse de manera empática, escuchar atentamente, comunicarse de modo eficiente y pensar antes de reaccionar. Estas habilidades no suelen enseñarse en la educación formal, no vienen inscriptas en nuestro ADN. El cerebro está preparado para incorporar los estímulos del medio ambiente durante el transcurso de la vida. Gracias a la plasticidad neuronal, seguimos aprendiendo hasta el final de nuestra vida.

“El ambiente y la experiencia hacen que el cerebro se reorganice y adapte a la realidad”, sostiene Alexia Ratazzi, psiquiatra infanto-juvenil. Sin embargo, los cambios son más fáciles y perdurables si se aprenden en la infancia. Por eso el aula, tanto en la escuela como en la universidad, tiene un rol fundamental. La zona de la corteza prefrontal del cerebro que procesa las funciones ejecutivas, como el razonamiento lógico, la toma de decisiones, la interacción social, el autoconocimiento y la regulación de la conducta, entre otras, está en pleno desarrollo hasta los 25 años, aproximadamente. Es un período en el que el cerebro es especialmente adaptable y maleable.

Como dice Sarah-Jayne Blakemore, de la Universidad de Londres, es una oportunidad fantástica para el aprendizaje y la creatividad, un momento clave para la educación y el desarrollo social. Se necesita, entonces, ofrecer ambientes de seguridad emocional donde los alumnos puedan aprender, y el docente, enseñar. Los entornos enriquecidos que generen motivación para aprender, liderados por docentes con óptima salud física y emocional, son favorecedores de aprendizajes duraderos que dejarán huella e impactarán en nuestras vidas.

Es preciso comprender que sentir y pensar son dos caras de la misma moneda, porque los circuitos neuronales propios de cada una están conectados en el cerebro. No podemos ni debemos separarlos cuando sostenemos que se debe ofrecer una educación integral. En la integración, en la mirada holística de la persona, están enlazadas todas las dimensiones del ser humano, que por lo menos incluyen la dimensión física, la cognitiva y la emocional.

Las neurociencias

El cerebro está preparado para incorporar estímulos del medio ambiente. Gracias a la plasticidad neuronal sabemos que va cambiando en forma constante y que aprendemos hasta el final de la vida. Las neurociencias permiten conocer que las experiencias tempranas juegan un rol esencial en los desarrollos cognitivos, socioemocionales y lingüísticos. Todo se entrelaza. La dimensión emocional está conectada a nuestro cerebro racional, cognitivo, “pensante”. En situaciones de estrés, nuestra “razón” se abruma por las emociones que invaden los pensamientos, por lo que la capacidad de prestar atención, la concentración y la toma de decisiones se ven afectadas.

En estados de “alerta emocional” se frena el pasaje de información de nuestro cerebro emocional al racional y se bloquea la posibilidad de pensar con claridad. ¿Quién no sintió esta sensación de “bloqueo” frente a situaciones de miedo, enojo o angustia, por mencionar algunas? Estas situaciones impactan negativamente en el aprendizaje.

(*) Sonia Fox es autora del libro “Las emociones en la escuela”, publicado por la Editorial Aique y perteneciente de la Colección Neurociencias y Educación, dirigida por María Eugenia Podestá. El trabajo tiene como propósito profundizar  los conceptos y contenidos de la educación emocional a fin de contribuir a mejorar la enseñanza, el aprendizaje y el bienestar integral de niños, jóvenes y adultos. Desde hace ya varios años, la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés ofrece diferentes programas de formación de capacitación para directivos y docentes en esta temática.

Cuento «Por cuatro esquinitas de nada»

Presentación del Cuento «Por cuatro esquinitas de nada» de Jérôme Ruillier, excelente material para trabajar la diversidad. Pueden descargarlo en PDF o visualizar su narración.

portada por cuatro esquinitas de nada

Cuadradito quiere jugar en casa de sus amigos Redonditos, pero no pasa por la puerta porque… ¡La puerta es redonda como sus amigos! «¡Tendremos que recortarte las esquinas!», le dicen los redonditos. «¡Oh, no! –dice Cuadradito– ¡Me dolería mucho!» ¿Qué podemos hacer? Cuadradito es diferente. Nunca será redondo. Un libro sobre la amistad, la diferencia y la exclusión con una propuesta gráfica muy original. De 3 años en adelante.

Disciplina positiva o cómo educar con afecto y firmeza.

Este paradigma propone que los adultos trabajemos en nosotros mismos para llegar de una forma más compasiva a los niños.

Por Marisa Moya para El País – 29/09/2017

Abordar en pocas palabras qué es disciplina positiva es un gran desafío para mí. Lo intento y quedo a disposición en comentarios para seguir conversando. Las historias de los niños, relatadas por los adultos, pasan de los tintes más tiernos a los más abrumadores. No hay educador que no vea empañadas sus relaciones con la infancia, de manera más o menos asidua. En ocasiones, incluso, nos vemos en el centro de un remolino sin saber cómo vamos a salir del enredo. Educar no es fácil.

disciplina positiva

La disciplina positiva tampoco es sencilla, sin embargo, es cautivadora. El inmenso valor que posee es que no asegura que los niños vayan a hacer siempre lo adecuado, pero sí que nosotros, los educadores, estaremos trabajando de tal manera que los chicos puedan tomar las mejores de sus decisiones.

Echar la vista atrás nos da raíces, la disciplina positiva se gesta a partir de la Psicología Individual (Adler y Dreikurs). Jane Nelsen y Lynn Lott releyeron la obra de estos hombres, transformaron y dieron vida a esta mirada distinta de la educación que ya hace muchos años acuñaba Dreikurs como democrática.

Se trata de un paradigma que descarta el miedo a la hora de manejar el poder en las relaciones, que descarta los métodos punitivos y que pone el acento en dos grandes fuerzas generativas, inmensas e inagotables en beneficios: la confianza y el afecto. Tenemos miedo cuando los niños desobedecen, cuando se llenan de furia, cuando no saben, cuando no pueden… y abordamos la inseguridad natural de los niños con herramientas muy eficaces a corto plazo (castigamos, humillamos, avergonzamos, chantajeamos), ilusoriamente pensamos que también son capacitadoras.

¡Niños listos para moverse en este mundo!

A la furia de los chicos (lógica porque solo son niños y sus mentes inmaduras) se suma la del educador; y esta es la gran trampa en las relaciones humanas. Los niños empiezan a experimentar desde su primera infancia una gran cantidad de furia. Es nuestra reacción inmediata a los problemas de convivencia. Y acaban concluyendo que los entrenadores de vida, esos que se supone que tienen la ciencia para mostrar cómo funcionar en el mundo, son poco o nada confiables.

Se valoran las actuaciones infantiles en función de las consecuencias y se anula la voluntad del chiquillo, bien con castigos, bien con premios, para asegurar que no vuelva a suceder. Esto es lo que está estandarizado, tanto que hasta algunos especialistas también se apoyan en estos fundamentos de la mera corrección y el control a través de la amenaza, el miedo, la culpa y el soborno.

Las alternativas con que cuentan los niños para seguir logrando la irrenunciable conexión con el adulto (que es sinónimo de supervivencia), se decantarán por lucha, evitación o inhibición de las conductas. Así van apareciendo los efectos devastadores de la etiqueta, de la revancha, de la rebeldía, del retraimiento, de la insuficiencia…

El problema que tiene el niño es el adulto, con lo que sus respuestas de estrés a las situaciones conflictivas de la vida cotidiana se dejan sin abordar eficazmente, de una manera humanizada.

El problema (mal comportamiento), que nosotros vemos, es la solución que busca el niño a otro problema (que no vemos). Los niños no están haciendo las cosas a propósito, están resolviendo un problema de conexión, un problema de estrés. ¿Cómo respondemos a la solicitud de ayuda que es el mal comportamiento?

¡Solo soy un niño!

Niños inseguros relacionándose a través del miedo.

Un nuevo enfoque: la disciplina positiva

La disciplina positiva muestra una manera de organizar la vida y de mejorar el trato humano. Nos ayuda a entender la naturaleza infantil, nos prepara para esa revisión íntima y profunda de qué educador estamos siendo. Con la conciencia, cada cual decidirá si necesita cambiar algo y cómo lo quiere modificar.

Entendemos que el respeto, la cooperación, la resolución de problemas a través de procesos afectivos y efectivos son capacidades imprescindibles como equipaje para transitar los caminos de la vida personal e interpersonal.

Y también podemos asegurar que es menos probable que todas estas habilidades se desarrollen sin experiencias vitales en las que los progenitores y maestros no sean modelo de aquello que se les exige a los niños.

¿Cómo podrán saber cómo se hace? ¿Cómo se aplica en la vida real la comprensión, la escucha, llegar a acuerdos, respetar pautas, responsabilizarse de las decisiones?

Lo que dice nuestra lengua no es lo mismo que lo que dicen nuestras actuaciones; lo que hacemos es casi determinante en la plantilla de vida que construye la infancia formándose a nuestro lado. Más allá del impulso de la mera corrección y el control nuestra propuesta es decidir cómo queremos usar el poder de educador.

El autoritarismo tiene como base el temor del adulto por controlar el mal comportamiento. A la larga no funciona, los chicos acaban con patrones de rebeldía o sumisión. Personas competitivas que imponen el poder de uno sobre el de los otros. Interacciones desequilibradas que resultan inestables y que invitan a la permanente lucha de poder.

La permisividad ha supuesto la reacción, el salto en el vacío en las relaciones educativas para huir del autoritarismo. Igualmente no resuelve y sin embargo deja una huella profunda en la autoestima infantil, en el desarrollo de su responsabilidad. Niños confusos, desorientados, que creen merecer todo sin hacer nada a cambio. A largo plazo, personas con sentimientos de incapacidad.

¿Cuál es tu estilo?

  • Los adultos tenemos mucho que ver en los problemas de conducta de los niños, no es cuestión de culpabilidad, se trata de responsabilidad.
  • Cualquier escenario imaginable de convivencia necesita de firmeza, sí, y de amabilidad también ¡Al mismo tiempo!
  • Eliminar el loco malabarismo, esta polaridad. Es posible cuando el educador toma conciencia de que la autoridad no se logra imponiendo la fuerza, dominando al otro y que la dignidad infantil debe quedar salvaguardada siempre ¡Cuándo se portan mal, también!
  • ¡Crear entornos de respeto mutuo!

Así, sí se asegura la conexión con la infancia, así sí es más probable la receptividad, que quieran escuchar, que puedan participar e involucrarse en los procesos de manejo de los errores, en las inseguridades, en la creación de límites…

Tu calma educadora es la que evita estados hipervigilantes en los niños y a partir de ella podrán ir desarrollando sus propias habilidades de regulación del estrés. Sin autorregulación no se aprende bien y los problemas de comportamiento disruptivo no disminuyen.

Conexión y entornos libres de miedo o culpa. Este es el elixir en educación.

La dificultad está, no en los niños, sino en nosotros mismos que como educadores tenemos que mostrar y modelar lo que no aprendimos.

La disciplina positiva no es esencialmente un listado de tips para esta educación respetuosa. El inicio del proceso de acercamiento a esta filosofía es ese cambio del “foco”, es la revisión de la actitud con la que vemos, sentimos y hacemos educación. Es trabajar en nosotros mismos para llegar de una forma más compasiva a los niños. Y con esta base sólida de principios y valores crear estrategias y poner en funcionamiento herramientas, a veces tan sencillas como:

Si no quieres ordenar, pregunta. Si quieres obtener colaboración, pídela con respeto. Si quieres alentar, pon tus frases en positivo, en negativo el cerebro las entiende peor y predisponen al enfrentamiento. Si quieres ser escuchado, cierra tu boca, no tengas la necesidad de que tu voz sea siempre la última que se escuche…

Así sí, tú puedes, es el momento de…

A educar también se aprende, mejorar las habilidades es posible.

Alienta, confía, orienta ¡Somos la oportunidad de una sociedad que promueva relaciones respetuosas!

Fuente: 

https://elpais.com/elpais/2017/09/26/mamas_papas/1506424357_975671.html?rel=str_articulo


Ver más sobre este tema en «El sentido del humor es un comodín fantástico a la hora de educar» en:

https://elpais.com/elpais/2017/06/20/mamas_papas/1497957957_337985.html

Cuento «El monstruo de colores»

Aquí les dejó el bellísimo cuento: «El monstruo de colores» de Ana Llenas, que descubrí hace unos días para trabajar las emociones con los niños.

«El Monstruo de Colores no sabe qué le pasa. Se ha hecho un lío con las emociones y ahora le toca deshacer el embrollo. Una historia sencilla y divertida, que introducirá a pequeños y a mayores en el fascinante lenguaje de las emociones».

tapa cuento el monstruo de colores

Cuento en PDF para descargar:

Recursos para trabajar el Cuento: «El monstruo de colores» en la Sala:

Web de la autora:

http://www.annallenas.com/index.html

El frasco de la calma de María Montessori – Etapa Infantil

El frasco de la calma de María Montessori puede ayudar a calmar las emociones más intensas.

El frasco de la calma es un frasco dirigido a las familias para poder controlar las rabietas en los niños y los nervios del adulto. Con él se pretende poder canalizar el estrés y la ansiedad potenciando la respiración y la calma gracias a la concentración. El frasco de la calma está compuesto por pegamento, agua, champú, purpurina y otros ingredientes que hará que tenga un movimiento casi hipnótico que ayude al niño enojado a controlar sus rabietas, pero siempre y cuando se utilice de una forma correcta donde el pequeño comprenda que es un frasco para sentirse bien.

Inspirado en la ideología de María Montessori

El frasco de la calma está inspirado en la pedagogía de María Montessori y el objetivo es que tanto padres como niños puedan regular sus emociones negativas pudiéndolas canalizar y que de este modo lo sentimientos de rabia, ira o tristeza puedan entenderse desde la calma. Todas las emociones son importantes y se deben poner palabras para que se pueda crear una conciencia, algo que hará que en el futuro al reconocer esas emociones se puedan dominar mejor.

No es sólo para los niños

niña con frasco de la calma de maría montessori

El frasco de la calma es un producto que está dirigido a los padres, para que lo utilicen junto con los niños de más de dos años de edad.  El objetivo del frasco es calmar la ansiedad, los nervios o el estrés tanto del adulto como del niño concentrando la atención en los movimientos relajantes del interior del frasco. Es muy importante que el frasco esté bien sellado para que no se pueda abrir bajo ninguna circunstancia puesto que los materiales que hay en el interior son tóxicos.

Es necesario que para acompañar a la acción se realice un tono cordial con el niño y se proporcionen instrucciones sobre la respiración para que el niño se relaje poco a poco. Así irá siendo consciente de cómo es capaz él mismo de controlar sus emociones y cómo puede despejar su mente, cuidar la respiración y notar cómo el miedo, el estrés y la ansiedad van desapareciendo.

No es un castigo

Cabe destacar que el frasco de la calma no es un castigo ni debe parecerlo. Es una técnica que debe aplicarse junto con el niño, acompañándolo en este proceso. Las amenazas o los castigos no caben dentro de la técnica del frasco de la calma. Los adultos deben proporcionar esta técnica como una inversión de tiempo para que los niños aprendan a controlar el estrés y la frustración, algo que les ayudará a medida que vayan creciendo a ser adultos exitosos que saben controlar sus propias emociones.

Cuando el niño está estresado su ritmo cardiaco y su respiración se acelera por lo que pueden sentir un bloqueo en sus pensamientos. Pero concentrándose en la brillantina del frasco y en sus relajantes movimientos, podrán empezar a pensar con mayor nitidez, para que después, junto con la ayuda del adulto se pueda retomar el motivo del enfado y buscar las soluciones desde la calma y la serenidad.

El adulto debe acompañar durante todo el proceso

El frasco de la calma nunca (bajo ningún concepto) debe usarse por el niño de forma individual, siempre tendrá que estar el adulto a su lado para poder guiarle en el proceso de relajación. Deberá darle instrucciones al niño para que sepa cómo debe hacerlo, diciendo cosas como: «Ahora vamos a sentarnos con el frasco de la calma para relajarnos todos. Respiraremos hondo y nos fijaremos en silencio en cómo la brillantina se mueve y se desliza por el frasco hasta que se pare del todo. Después, hablaremos sobre lo ocurrido y buscaremos soluciones».

Extraído de: https://www.etapainfantil.com/frasco-calma-montessori

Entrevista a Howard Gardner por Lluís Amiguet.

howard gardner
Howard Gardner

Ninguna persona es mejor ni peor que otra. Ni tampoco igual a otra. Lo que nos hace humanos es que cada uno de nosotros es único. Así que ríase, con la neurociencia, de quien diga que alguien es más listo que otro: ¿listo para qué? Cualquier talento no es sino capacidad de adaptación al entorno: inteligencia. Por eso, Gardner sostiene que hay más de una. Y ahí no acaba nuestra diversidad: cada cultura y cada persona entiende esa teoría –todas las teorías– a su manera. Manera, además, que varía con la edad: cuanto más envejeces, más difícil te resulta adaptar tu vida a las nuevas ideas y menos adaptarlas cómodamente a tu modo de vivir sin variarlo. Por eso, creer saber envejece y querer saber rejuvenece.

Entrevista a Howard Gardner:

Por qué cuestiona que la inteligencia es lo que miden los tests?

Porque yo soy un científico y hago experimentos y, cuando mido la inteligencia de las personas, descubro que algunas son muy buenas solucionando problemas pero malas explicándolos. Y a otras les pasa lo contrario.

¿Y si hay personas diversas es porque también tiene que haber diversos talentos?

Por eso he dedicado 400 páginas a describir siete tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinético-corporal, interpersonal e intrapersonal.

¿Y por qué no muchas más: la culinaria o la mística o la teatral o la ecológica?

Porque no cumplen los requisitos que sí cumplen esas. Y espero acabar demostrando que además hay una inteligencia naturalista, otra pedagógica y otra existencial para plantearnos preguntas trascendentes. Pero no más.

Hoy los colegios ya plantean sus programas según esas inteligencias múltiples.

Y yo no me dirigía a los pedagogos, pero fueron ellos los primeros que adoptaron mis teorías.

¿Por qué?

Porque comprobaban cada día en las aulas que las categorías de tonto o listo no cubren la diversidad del talento humano. Y, por tanto, que los tests de inteligencia no miden realmente nuestras capacidades, sino sólo la de resolverlos.

Su teoría, además, era cómoda para consolar a niños con malas notas y a sus papás.

Se abusó de ella al principio porque no se comprendió bien. En Australia, la administración la manipuló para explicar que había grupos étnicos que tenían inteligencias diferentes de otros.

¡Qué peligro!

En ese punto, empecé también a preguntarme por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas.

Esa ya es una pregunta filosófica.

Pero yo soy un científico e inicié un experimento en Harvard, el Goodwork Project, para el que entrevisté a más de 1.200 individuos.

¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas?

Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.

A mí se me ocurren algunas excepciones…

Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre E CE: excelentes, comprometidos y éticos .

¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona?

No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia . Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.

Para hacerte rico, a menudo estorba.

Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.

Resulta tranquilizador saberlo.

Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito.

“Señor, hazme casto, pero no ahora”.

Como san Agustín, en efecto. Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad…, pero sin darlo todo nunca.

Sin ilusión, la vida se queda en obligación.

Y otros son transaccional es: en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo.

¿No descubren algún día de su vida algo que les interese realmente?

Algunos no, y es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento…

¡Qué alegría! Alguien las cree necesarias…

Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones.

¿Por qué?

Porque las ingenierías y estudios tecnológicos acaban dándote una sensación de control sobre tu vida en el fondo irreal: sólo te concentras en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta. Y durante años las hallas. Pero, cuando con la madurez descubres que en realidad es imposible controlarlo todo, te desorientas.

¿En qué país influyó más su teoría de las inteligencias múltiples?

En China editaron cientos de títulos sobre inteligencias, pero las entendieron a su modo: querían que su hijo único fuera el mejor en todas.

Pues no se trata exactamente de eso.

Cada sociedad y persona entiende lo que quiere entender. Cuanto mayor te haces, más difícil es adaptar tu vida a un descubrimiento y más fácil adaptar el descubrimiento a lo que ya creías que era la vida. Por eso, voy a clase a desaprender de mí y aprender de los jóvenes.

Extraído de:  https://www.lavanguardia.com/lacontra/20160411/401021583313/una-mala-persona-no-llega-nunca-a-ser-buen-profesional.html?utm_content=bufferf9e1d&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

El “No”, el monosílabo temido y olvidado para educar

Es necesario poner límites en edades tempranas… aunque resulte ingrato en un primer momento, a la larga verás los resultados.

POR IRENE GONZÁLEZ COLLADO
niña rabieta

Es curioso lo pronto que los niñ@s aprenden a decir «no» en sus primeros años de vida, seguro que te suenan frases como…«no quiero ir a la cama»,  «no me gusta esto»,  «no quiero ponerme esta ropa»,  «no quiero ir al colegio», …es una laaaarga lista. Sin embargo, parece que algunos padres, no están por la labor de tener el famoso monosílabo en su vocabulario con tanta o al menos «algo» de frecuencia. Las nuevas teorías sobre «la regañina» positiva, el miedo a parecer déspotas y poco transigentes, o la comodidad de ceder antes de enfrentarse después de un laaaargo día de trabajo a una rabieta, hacen que demasiadas veces lo apartemos en el olvido.

Estas son las principales razones que dan sentido a la ya famosa frase: «Diciendo no, también educamos».

  1. Es absolutamente necesario marcar límites claros y firmes durante los primeros años de vida del niñ@, ya que éste  necesita tener estabilidad y rutinas, y los límites lo favorecen.
  2. Enseñar a interiorizar unas normas, transmitirá una disciplina que, el niñ@, hará suya desde pequeño Progresivamente se responsabilizará de su comportamiento.
  3. Comprender la realidad y posibilidades de los niñ@s en cada etapa de su desarrollo, les mostrará convenientemente lo que pueden y no pueden hacer, lo que está permitido y lo que no lo está.
  4. Es una manera de frenarlos, de protegerlos, ya que los niñ@s, llevados por su curiosidad, pueden verse a menudo, envueltos en situaciones peligrosas: poner los dedos en un enchufe, llevarse cosas a la boca, etcétera. Hay que tener en cuenta que, en ese momento, para ellos resulta difícil entender las consecuencias de su acción y olvidan nuestras advertencias, los adultos somos su única opción.
  5. Poco a poco, los niñ@s  discriminarán entre lo que es posible y lo que está prohibido. Sobretodo, a medida que dominan el lenguaje, están preparados para entender los motivos de las prohibiciones, por eso es el momento para explicarles por qué no deben tocar la plancha encendida o bajarse de una acera, y no simplemente decirles «no toques» o «no hagas».
  6. Por último, es preciso tener en cuenta que los niñ@s, aprenden mucho imitándonos y observando nuestras actitudes, valores y comportamientos, y, por tanto, éstos deben estar en consonancia con nuestras palabras ya que de otro modo perderán, a sus ojos, todo su sentido.

Si te han terminado de convencer las razones enumeradas… ahora toca llevarlo a la práctica de la mejor forma…

• Decir «no» de una forma razonada, como por ejemplo: «Esto no puedes hacerlo por tal y tal cuestión…» o «deberías hacer las cosas de esta forma porque…» es más efectivo que un «no» rotundo y sin explicaciones.

• No debemos abusar de un «no» tajante ya que ellos son exploradores por naturaleza y también aprenden de sus errores.

• Es preferible utilizar un «no» en el momento preciso que dejar pasar las cosas y acabar luego con un mal humor que pagamos a destiempo.

• Enseñarles lo que deben hacer y cómo hacerlo también son formas de decirles «no» pero de una manera positiva.

• No pongamos nunca en duda nuestra negativa; si hoy decimos «no veas la tele más tarde de las ocho» y mañana no seguimos esta indicación, perdemos credibilidad. No vale el «hoy una cosa y mañana otra». Otra cuestión es que con el tiempo vayamos reformulando nuestras decisiones.

• El «no», no excluye la aprobación. A los niños les gusta sentirse elogiados y reforzados, y de la misma manera que se les riñe cuando hacen algo mal, hay que felicitarles cuando hacen las cosas bien.

• Los límites han de seguir criterios educativos y no responder a nuestro miedo o comodidad. Por ejemplo, si nos da miedo que baje por el tobogán es preferible que estemos atentos antes que prohibírselo.

Extraído de: https://elalmademiaula.com/2015/02/11/no-el-monosilabo-temido-y-olvidado-para-educar/

Respetar las diferencias educando desde casa

Respetar las diferencias – Por José Sánchez

imagenIlustrativa

Recuerdo como si fuera hoy, el día en que mi hija cuando tenía cuatro años, le dijo muy triste a mi esposa que una niña le había dicho que era fea porque era «negra». Nos asombramos. Pero inmediatamente hablamos con ella para que pudiera entender que las palabras que había dicho su compañera eran equivocadas y que debemos aprender a respetar las diferencias. Le hablamos de que ser feo o bonito no tiene que ver con el color de la piel, sino por cómo es la persona en la forma de tratar a los demás.

Nuestros niños muchas veces expresan opiniones de rechazo hacia otros, a veces éstas no son las opiniones que escuchan de sus padres o familiares, pero debes instruirlos para respetar las diferencias y aceptar la diversidad. Háblale a tus niños de cómo las características, creencias y principios de nuestro prójimo no son siempre iguales a las nuestras.

Comparto algunos puntos que puedes tocar con tus hijos para que entiendan que nuestra sociedad se compone de muchas personas diferentes, y que esas diferencias las debemos respetar, siempre y cuando no hagan un mal a otras personas:

El origen étnico:

Habla con tus hijos acerca de que en el mundo hay diferentes tipos de personas, con características físicas diferentes de acuerdo al lugar de donde proceden (el color de piel, ojos y cabello o la constitución física). Pídeles que te expliquen cómo ellos se definen a sí mismos y dialoguen sobre cómo otras personas de su comunidad tienen diferentes rasgos físicos.

La religión:

Si educas a tus hijos en una creencia religiosa, diles que también hay otras personas que tienen creencias diferentes a las nuestras. Que cada persona decide qué religión o fe seguir. Y que aunque la creencia religiosa de mi vecino o amigo sea diferente a la mía, lo que debemos expresar es el amor y respetar las diferencias.

La condición económica:

Háblales a tus hijos de lo que es la abundancia y la escasez y que a nuestro alrededor podemos ver personas que tienen una o la otra. Que la condición de abundancia o escasez no implica que debemos tratar de una forma diferente a unos y otros.

El género y la orientación sexual:

Conversa con tus hijos sobre el tema del género y la orientación sexual de acuerdo a su nivel para entender el tema. Explica que el ser humano puede comportarse de una manera diferente a lo que es aceptado por la sociedad, pero debemos respetar a todos.

La condición física o mental:

Enseña a tus hijos que hay personas con limitaciones físicas o mentales, que pueden verse y actuar diferente a nosotros.

Deseamos vivir en una sociedad donde se puedan respetar las diferencias. Ese respeto se expresa cuando podemos esforzarnos en comprender y tratar bien a otras personas que piensan y actúan diferente a nosotros.

Educación Emocional en la Primera Infancia

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Niño y niña coloreando emoticones de emociones.

Proyecto de Educación Emocional en escuela de Barcelona.

«Se ha valorado mucho el coeficiente intelectual y las habilidades para aprender conceptos pero el mundo está cambiando, y los niños que tenemos ahora son niños del tercer milenio, entonces la educación también tiene que cambiar. La educación tiene que integrar a la educación emocional, ya que el cuerpo y la mente están conectados, y no es <Pienso, luego existo> sino <Siento, luego existo>. La educación emocional nos da bienestar y lo que queremos es que los niños sean felices, que sean buenas personas, que estén bien con ellos mismos y que estén bien con la gente que los rodea; porque hoy en día los conocimientos los tienen por montones y se ha de revolucionar el mundo mucho más, por eso los profesores tienen que formarse en la educación emocional.

En el proyecto se trabajan 3 emociones, el niño encargado de pasar la lista va preguntando a cada uno de sus compañeros Hola Joan, Buen Día! ¿Cómo te sientes? ¿Por qué te sientes así? y aquí el niño con libertad decide si quiere porque se siente de esa manera o, simplemente, dice no, no quiero explicarlo; y se pasa al siguiente niño. Entonces hacemos una tercera pregunta que es ¿Podemos ayudarte?. Eso es educación emocional.

Estamos intentando poner un nombre a la emoción que tengo, estamos compartiéndola y además estamos buscando una solución que nos ayude. Con este niño hemos ganado, hemos subido un escalón, él está aprendiendo habilidades de educación emocional.

Tomamos una situación que ocurre dentro del aula: <Cuando creas que estás más relajado, piensa qué puedes hacer cuando salgas>. Ejemplo: Pasó una tortuga y le tiró todos los colores al suelo, la tortuguita dice: ¿Qué pasó? ¿Qué hizo?, estaba enojada, quería pegarle porque la otra tortuguita le había tirado los colores; pero pensó en lo que le había dicho su maestra: No he de poner en práctica lo que he aprendido ¿Qué tengo que hacer?.

La tortuguita se metió dentro de su caparazón, estuvo dentro unos minutos y luego salió y no le dijo nada a la otra tortuga. La maestra se puso muy contenta y la tortuguita también, porque así ella se sentía más feliz y empezó a relacionarse con sus compañeros, ellos querían jugar con ella. Así aprendió la tortuguita que cuando estaba rabiosa no podía hacer lo que se le pasara por la cabeza, porque todo lo que se le ocurría cuando estaba enfadada y enojada no era bueno para ella ni para el resto de sus compañeros. De esta manera, le explicamos a los niños como podemos auto-regularnos.

Cuando te haces mayor y piensas, te empiezas a preguntar: la gente de mi promoción que eran «cracks» en cuanto a las notas, realmente en la vida de ahora mismo con 40-45 años ¿Son felices? ¿Tienen un buen bienestar?; pues hay algunos que sí y otros que no, pero la mayoría es que no, y quizás a la que le costaba mucho pero era muy responsable, trabajadora y sabía buscarle el lado positivo está triunfando. Pero cuando trabajas con personas, cómo no te vas a preocupar del alumno que llega triste, es que es más importante que le preguntes ¿Quieres hablar? ¿Te ha pasado algo? que explicar ese día la lección de historia, porque ese día la lección de historia no servirá de nada.

Cuando un niño llora las maestras de educación infantil tendemos a decir <No llores> pero ¿Por qué no llores? Que llore porque si llora, llora por algo, pues pongamos un nombre a ese llanto <¿Lloras porque estás triste?> A los tres días el niño entra llorando pero ya te dice entre medio ese llanto <estoy triste>. Ahí hemos ganado, ya tienes una palabra, y esta palabra es tuya, la tristeza.

Eso es el elemento, encontrar tu elemento, saber qué te gusta, qué te apasiona y para lo qué tu eres bueno, cuáles son tus habilidades; porque evidentemente somos buenos para muchas cosas pero especialmente para algunas ¡Pues descúbrelas!. Cómo puede ser que lleguen los universitarios a carreras que no les apasionan, que se encuentren en primer año pensando <¿Qué hago aquí? Sí a mí esto no me dice nada, ni me quiero dedicar a esto> y les preguntas <¿Por qué has elegido ésta carrera si no te gusta?> y te responden <Porque no sabía que hacer>. Ese es un síntoma claro de que no ha tenido educación emocional, por eso hemos de educar al niño, le hemos de enseñar, lo tenemos que acompañar en ese descubrimiento.

Se le dice educación como se le puede llamar de cualquier otra manera, son herramientas, recursos, habilidades para tener mejor bienestar personal y social. Y los adultos que no estamos acostumbrados a este trabajo de las emociones tenemos que deseducarnos, porque nos han enseñado que las emociones se reprimen <Los hombres no lloran> <Según que cosas no se deben decir>. Porque lo que me gustaría darte son herramientas para vivir ésta vida feliz»

-Luz Guerrero-

La profesora de educación infantil, Luz Guerrero, señala que hay que hacer una pequeña puntualización a la frase «Pienso, luego existo» ahora es «Siento, luego existo». Los niños tienen todos los conocimientos a su alcance por lo tanto hay que conseguir que los niños sean felices y que estén bien con ellos mismos y con los que los rodea. Un documental rodado en el Colegio Sagrada Familia de Gavà. Realizado por: Andrea Czajkowski, Artur Cruz, Gerard Rodríguez, Laura Niubó, Joana Garcia.