Asómbrate con la Biblioteca de Ruth Baldwin

Por más de 40 años, Ruth Baldwin coleccionó libros infantiles de toda índole; ahora la Universidad de Florida ha digitalizado esa biblioteca para su acceso público.

libro tapa

Origen: Asómbrate con esta colección de más de 6 mil libros infantiles digitalizados y de consulta libre

Piedras de contar historias

En esta entrada recupero el artículo «8 formas de usar las piedras de contar historias y sus beneficios» de Clara de Tierra en las manos.

piedras de contar historias portada

8 formas de usar las piedras de contar historias y sus beneficios

Hacía muchísimo tiempo que quería pintar algunas piedras para explicarle historias al peque con ellas. Y es que me encantaaa narrar cuentos. Es increíble poder estar pendiente de las expresiones de los niños, añadir sonidos, gesticulaciones, sin estar mirando el papel y las letras. Poder ir cambiando la historia, improvisando…

Este verano mi amiga Lidia me contó que su madre, Pedramaris, pintaba unas piedras espectaculares… Y no lo dudé, le pedí si me hacía unos dibujos bien especiales para contar historias fantásticas a Terrícola y este es el resultado.

piedras de contar historias 1

¿A qué son una maravilla? Las hay que incluso tienen relieve, como el tejado de esta casita o las burbujas del pez. Espero que se aprecie bien en la foto.

BENEFICIOS DE LAS PIEDRAS DE CONTAR HISTORIAS:

  • Es una forma de acercar la naturaleza a nuestra hogar y de usar elementos naturales para jugar y disfrutar (sabéis que es una de mis debilidades).
  • Potencian la oralidad, la escucha y la concentración. No hay imágenes que seguir, como en un libro, hay que crearlas en la mente, lo cual es un ejercicio fantástico para desarrollar la imaginación.
  • Cuando es el niño el que explica la historia mejora el desarrollo del lenguaje.
  • Si las hacéis vosotros mismos, favorecen la creatividad (la forma más sencilla de pintarlas es con rotuladores permanentes).

En resumen, que son un recurso increíble. Yo estoy tan entusiasmada con ellas que creo que vendrán futuros posts, a medida que las vayamos usando.

FORMAS DE USAR LAS PIEDRAS DE CONTAR HISTORIAS:

Estas piedras son un recurso abierto, no hay una sola manera de usarlas. Se pueden improvisar e inventar cuántas formas se quieran, hoy te traigo 8 de ellas. Según si hay uno o varios niños, su edad, etc. será mejor una opción u otra, ¡eso ya lo dejo a vuestra elección!

1) El niño o la niña improvisa con la bolsa de piedras. Cuando son nuevas lo mejor es dejarles la bolsa y ver cómo las usan. Es la forma más sencilla pero también la más interesante para empezar. ¿Qué harán con ellas? Seguramente mirarán los dibujos primero, les dará tiempo de asimilar qué es cada uno y qué puede representar.

Una vez familiarizados con ellas es muy probable que se expliquen historias a sí mismos y que inventen múltiples juegos con ellas.

2) El narrador explica la historia según el orden en que van saliendo las piedras. Con todas las piedras dentro de una bolsa, el niño o la niña va sacando las piedras de una en una y el narrador (mamá, papá, la maestra…) va trazando una historia, que va girando y recorriendo nuevos caminos en función de las piedras que salen al azar.

3) El niño ordena las piedras de una forma predeterminada antes de empezar y el narrador va a seguir ese orden, que ya conoce de entrada, para trazar la historia. En esta forma hay menos improvisación, porqué conocemos de antemano el orden, pero ello nos da la oportunidad de tejer una historia más trabajada.

4) El niño narra la historia. Según la edad que tenga el peque, será él quién explique la historia, en función de las piedras que el adulto, otro niño o él mismo vaya sacando de la bolsita cerrada. Esta es la mejor opción para trabajar la propia imaginación del niño y potenciar la oralidad y el desarrollo del lenguaje.

5) El niño da pistas relacionadas con cada piedra que sale de la bolsa. Es decir, habrá un narrador pero el niño da una pista vinculada con la piedra que saca. Es una forma de tejer la historia entre el adulto y el niño. Esta versión me gusta especialmente porqué da la oportunidad al peque de dirigir un poco la historia hacia sus inquietudes o gustos personales, aunque no sea quién esté narrando el cuento.

6) Esconder las piedras de contar historias por el comedor de casa, el jardín, el bosque o dónde estemos. La historia se va trazando a medida que aparecen las piedras. Lo bueno es que como se busca cada piedra, una a una, hay intervalos de tiempo para que el narrador prepare mejor el siguiente paso. Esta es una opción más interactiva y más movida pero, evidentemente, los niños van a estar menos concentrados en la historia y más emocionados buscando piedras. Creo también está bien, ¿hay momentos para todo, no? 🙂

7) Todas las piedras están boca abajo. El narrador empieza a trazar una historia y… ostras, cada vez que no sabe como sigue… el peque le da la vuelta a una piedra y… la imagen ayuda a seguir la historia. Pero este narrador está hoy muy despistado… y va necesitando que de vez en cuando el niño gire alguna piedra para ofrecerle inspiración.

piedras decontar historias 2

8) Usar las piedras de contar historias con un grupo de niños. Cuando estamos con un grupo de varios niños podemos añadir nuevas formas. Por ejemplo, cada niño coge de entrada 2 o 3 piedras de la bolsa. Uno empieza contando la historia en relación a una de las piedras que ha sacado, después le toca el turno al de su lado, al otro, etc. Cuando ya se ha dado toda una vuelta, se empieza otra ronda con la segunda de las piedras que se sacaron.

Seguro que existen muchas otras formas de usar las “piedras de contar historias”, tantos como la imaginación nos deje alcanzar, pero para empezar creo que ya es bastante, ¿verdad?

Espero haberos animado a que tengáis vuestras propias “piedras de contar historias”, ya sea que las hagáis en casa o que las encargues a artistas como Pedramaris. Serán un regalo muy especial para tus peques, estoy segura.

¡Que disfrutéis contando mágicas historias!

Un abrazo, Clara.

Fuente:

APUNTES SOBRE EL CUENTO

Apuntes sobre «el cuento», un recurso cotidiano en las clases de Nivel Inicial. Un breve punteo de ideas a tener en cuenta sobre el mismo.

niños leyendo un cuento
  • Según Delaunay (1986): el cuento “abre a cada uno un universo distinto del suyo; invita a hacer viajes al pasado, o hacia lejanías que no conocen otros límites que los de la imaginación. Lo maravilloso, aquello de lo que cada uno tiene necesidad, es tan necesario cuando más niño o cuando más opresora es la realidad que le rodea”. Entonces, el cuento bajo todas sus forma facilita la adquisición del desarrollo personal y social, como también del lenguaje.
  • De la investigación “El cuento popular y su función social educadora en los niños del tercer ciclo de educación primaria de las instituciones educativas José Bernardo Alcedo y Germán Caro Ríos del distrito de Villa María del Triunfo” de Angulo (2004) se desprenden las siguientes conclusiones:
    • Los cuentos populares expresan en sus sentidos no solo los personajes que simbolizan nuestra cultura andina; sino  también los problemas centrales de nuestra realidad y como tal es vital su función social educadora. Los cuentos  populares son la esencia de nuestra cultura andina y como consecuencia camino fundamental para mejorar nuestra identidad cultural.
    • El cuento popular como instrumento de educación cumple una finalidad política e ideológica e incluso filosófica por que nos acerca a la concepción del mundo de creencias y tradiciones.
  • Posibles actividades para hacer después de la lectura de un cuento:
    • Hacer preguntas.
    • Recordar características de los personajes.
    • Re-narrar el cuento por medio de las imágenes.
    • Inventar un nuevo cuento por medio de las imágenes.
    • Inventar un nuevo cuento con los personajes.
    • Continuar con el cuento a partir del final.
    • Buscar finales diferentes.
    • Introducir nuevos personajes y describirlos.
    • Dibujo sobre el cuento.
    • Dibujar los personajes del cuento.
    • Recortar secuencias del cuento y ordenarlas.
    • Elaborar murales de los cuentos.
    • Construir un escenario para dramatizar el cuento.
    • Realizar marionetas o personajes en cartulina.
    • Modelar los personajes.
    • Dramatización con disfraces o marionetas/títeres.

El terror en la literatura infantil

¿Para qué sirven los monstruos? El encanto del terror.

Cuál es el papel de el terror en literatura infantil, cómo narramos este tipo de historias, es necesario contar este tipo de historias a los más pequeños. Monstruos clásicos actualizados, fantasmas tradicionales y renovados, casas abandonadas y gritos de medianoche permiten a los chicos proyectar sus miedos y vivirlos a salvo, en relatos que hoy buscan incorporar nuevos temores y apelan al humor.

El artículo «¿Para qué sirven los monstruos? El encanto del terror» que se reproduce a continuación fue presentado por Gabriela Baby para el diario La Nación el 12 de Junio de 2016.


Desde la Antigüedad hasta el presente, los adultos cuentan a sus hijos historias construidas con situaciones y escenas terroríficas. Mitos de dioses malvados y crueles, niños abandonados en el bosque, madrastras envidiosas y asesinas, y caperucitas rojas de diversas épocas siempre a punto de ser masticadas por el lobo feroz. Consolidados por las versiones de los hermanos Grimm y de Charles Perrault, versionados por otros autores y el cine de Disney, los chicos escuchan, leen y miran en las pantallas historias terribles, a las que también se han sumado nuevos monstruos y vampiros remixados. En el siglo XXI, los cuentos de terror gozan de excelente salud.

niña con monstruo
Ilustración de Pablo Bernasconi

«Siempre fui entusiasta del terror. Desde niño adquirí ese gusto por el miedo, principalmente por el cine y la televisión, seguramente porque de una manera muy intuitiva sabía que no corría ningún peligro y que la adrenalina producida en la sala de tu casa no sólo es una droga buena sino también inofensiva», dice Toño Malpica, escritor de literatura infantil mexicano que publicó, entre otros títulos, Siete esqueletos decapitados (Océano). Su primer cuento del género, «Abaddon Tenebrae», trata de un juego de computadora maldito y fue publicado en una antología de varios autores titulada Siete habitaciones a oscuras (Alfaguara). «Cuando escribí ? Abaddon Tenebrae’, lo hice como suelo escribir gran parte de mi obra: tratando de llegar a un texto que a mí mismo, como adulto, me guste leer, pero sin dejar de pensar en ese Toño niño que bien podría sentirse fascinado con dicha lectura. Porque hablando de terror, me gusta mucho esa palabra: fascinación. Eso que te atrapa, independientemente de que sea hermoso o terrible, y no puedes dejar de mirar aunque quieras dejar de hacerlo. Creo que en el terror hay que buscar fascinar.»

La pregunta por la fascinación que provoca el género es tan antigua como las historias de brujas: «Sigmund Freud se hizo esta misma pregunta y se respondió que esa atracción se produce porque es al otro al que le pasan las cosas. Es decir, los lectores o espectadores de los relatos de terror quedamos afuera, a salvo», dice Joana Rowinski, psicóloga infantil.

Acompañado por papá o mamá, el niño que lee -o al que le leen- queda a salvo de hechizos, castigos y madrastras horribles. «En los cuentos de terror el niño proyecta en forma inconsciente sus temores, sus miedos, su angustia, su dolor, su enojo que, mediante la ficción, se hacen tolerables y permiten hacer frente a la realidad», resume Rowinski.

Pero además de situar los hechos en lugares o tiempos lejanos, los cuentos clásicos despliegan significados infinitos a través de sus conocidas y estudiadas funciones: el conflicto de apariencia irremediable, la prohibición como motor de una transgresión, el desafío, las pruebas del héroe, la amenaza de vida, el objeto mágico, la posibilidad de encontrar aliados, la boda y el final feliz, entre otras figuras, todas analizadas por Vladimir Propp en Morfología del cuento (Fundamentos), un clásico de la teoría literaria. A través de estas funciones, los cuentos clásicos permiten proyectar los miedos (también clásicos) del lector pequeño: «El miedo a la oscuridad, a la muerte, a ser devorado, a ser abandonado por los padres cuando nace un hermano: cada lector arma a través de las escenas de ficción su propia lectura, que además siempre se resuelve con un final feliz», dice Judith Rodríguez, psicóloga especialista en infancia, que alienta a seguir leyendo historias de hadas y ogros. «Los cuentos clásicos también instalan un juego, un ?como si’, que permite armar una realidad diferente desde el relato. En ese sentido el juego y las ficciones infantiles como parte del juego constituyen sujeto», dice la especialista.

Tanto miedo que da risa

Si se sabe que traduttore, traditore, entonces ¿qué decir del escritor de nuevas versiones? Los cuentos tradicionales -crueles y crudos- sufrieron muchas transformaciones. Antes de Perrault, en versiones rurales, Caperucita se acostaba en la cama con el lobo y había cierto placer ambiguo en esa escena (que se puede observar en las ilustraciones de Gustave Doré, por ejemplo). También en antiguas versiones, del siglo XV o XVI, la chica del abrigo rojo era comida a pedazos por el lobo. Se sabe también que en interpretaciones previas a las de Disney y Perrault, la Bella Durmiente, mientras dormía, era violada por un cazador y luego despertada por uno de sus hijos recién nacidos. Por supuesto que estas versiones fueron dulcificadas y adaptadas al público infantil, primero por Perrault y los Grimm, y luego por otros autores.

Dulcifcar o ablandar los terrores puede ser un gesto necesario pero a la vez riesgoso. Así lo entiende Ana Garralón, especialista en literatura infantil: «Yo creo que ahora mismo no hay libros de terror. La mayoría de libros de monstruos y criaturas similares están descafeinados (sin simbología, sin ambiente, sin nada de terror). Usan palabras propias del género porque saben que son asuntos que gustan a los niños y venden», dice Garralón, autora de Historia portátil de la literatura infantil (Anaya). Allí señala: «La paulatina depuración de elementos de terror en los cuentos populares para niños ha ido en paralelo con un concepto ingenuo y sobreprotector de la infancia. Los temas horrorosos, los detalles procaces y cruentos se han ido disolviendo lentamente en una prosa con pretensiones de suavizar acontecimientos que, se piensa, pueden traumatizar a los más pequeños. De esta manera, lobos, brujas, duendes, ogros, dragones y monstruos han pasado a un estadio de buenos bichos que, en lugar de suscitar miedo o inquietud provocan la risa, incluso la pena».

Depurados y con monstruos simpáticos, los cuentos de terror pueden tematizar el miedo desde una nueva perspectiva. «Me resulta difícil hacer generalizaciones», dice Ricardo Mariño, escritor de literatura infantil. «Pero encuentro que hay textos para chicos que son una especie de fraude emocional, en el sentido de que prometen miedo (algo que el chico quiere experimentar con la ficción) y no cumplen aunque nombren monstruos y fantasmas. Hay cierta sobreprotección del lector que debilita muchos intentos, porque se acomodan a cierta mirada ?maternalizante’ que dice que no habría que asustar a los chicos. Entiendo que el tema merece ser pensado en cada caso, pero en principio reivindico la experiencia de pasar por el miedo en ficciones», dice el autor de cuentos como «El hombre sin cabeza», donde logra teorizar sobre el género, poner notas de humor y cerrar con un final inquietante. «Distinto es tomar el terror como tema para ser tratado desde el humor. En este caso, se trata de cuentos que no se proponen asustar al lector sino divertirlo», aclara Mariño, que en su libro El colectivo fantasma (Alfaguara), despliega una serie de historias desopilantes sobre muertos enterrados en un mismo cementerio.

Para María Luján Picabea, autora de Todo lo que necesitás saber sobre literatura para la infancia (Paidós), hay cuentos actuales y para chicos muy chicos (propios del libro álbum) que entran profundamente en el terror y el miedo. «Lo que hay antes de que haya algo (Pequeño Editor), de Liniers; La camisa fantasma (Capital Intelectual) de Roberta Iannamico y Max Cachimba, entre otros ejemplos, proponen a los lectores la experiencia del miedo. En general, la literatura infantil en la actualidad enfrenta a los chicos con todos los temas: la muerte, la pobreza, la desaparición de personas, las migraciones; también el sexo es tema a partir de historias que cuentan diversas relaciones de pareja, por ejemplo. Sin embargo, la forma del tratamiento actual del terror es otra, distinta de antes: hay más humor, más ironía sobre el terror, pero no porque se quiera subestimar al lector o suavizar el texto, sino que es una veta que hemos encontrado. Porque el humor da ciertas licencias: si te podés reír no asusta tanto, pero sí un poco, porque el humor del terror provoca una risa nerviosa. Nos reímos, pero el miedo está.»

La realidad más terrible

Lo siniestro, lo que espanta y a la vez atrae, eso terrible que no podemos dejar de mirar ha sido estudiado por el padre del psicoanálisis en detalle. En «Lo siniestro», Sigmund Freud analiza la etimología de la palabra (Unheimlich en alemán) y señala que siniestro es «algo familiar, conocido pero a la vez oculto, que de pronto se revela como ominoso, extraño». Los ejemplos amplían la definición: siniestro es el cadáver del ser amado que es y no es la persona querida o el recuerdo de aquel trauma infantil que se ha olvidado y sin embargo regresa y perturba. Lo familiar con un cariz inquietante, perturbador. Y la literatura de terror, para chicos y también para grandes, abreva en esta ambigüedad conocido-desconocido para jugar su juego.

En Terror en sexto B (Alfaguara), la autora colombiana Yolanda Reyes narra aventuras de terror situadas en la escuela. En El globo (Fondo de Cultura Económica), de Isol, la madre de la protagonista se torna un monstruo terrible. Los hechos malditos y los monstruos no son propiedad exclusiva de «reinos muy lejanos» ni pertenecen solamente al «había una vez». ¿La realidad engendra terrores contemporáneos?

«El terror en la literatura infantil hizo furor durante los años ochenta en la Argentina», sostiene Garralón en su Historia portátil? Allí comenta en detalle el libro de Elsa Bornemann, Socorro (Alfaguara), publicado en esos años: «En estos relatos de terror aparecen los verdaderos fantasmas de la reciente historia argentina: la crueldad, el sadismo, desapariciones, secuestros, terrorismo, monstruos que se devoran a sí mismos, pánico, complicidad en el silencio, muerte y desolación. De este modo, la metáfora y la alegoría dominan la lectura de cuentos que no transitan el terror clásico, pero tampoco resignan la finalidad propia del género: provocar miedo».

Para Mariño, también los terrores se actualizan y dialogan con el contexto social: «En algunos casos cambia la escenografía y también se incorporan novedades de época como la clonación, la manipulación genética o cualquier otro fenómeno más o menos real o posible que para el común de la gente incluya algún resto inquietante. Nuevos escenarios que metaforizan con mayor potencia ?la soledad’ en el espacio exterior, o el temor a los ?otros’ en los extraterrestres o ?la invasión al yo’ a través de la realidad virtual. Estas escenas permiten una nueva puesta en texto de la matriz estable del terror, que es la del personaje inerme ante una potencia amenazante y sin límites», dice Mariño.

Para Malpica, en cambio, la realidad no tiene nada que ver con las temáticas propias del género ni con su momento de (supuesto) auge: «No creo que la literatura de terror se ponga de moda cuando el terror se hace más presente en la vida real. Aunque es cierto que hay autores que abrevan mucho en la nota roja para escribir, tampoco creo que eso les consiga un éxito automático. Por el contrario, pienso que la responsabilidad de plasmar algo que valga la pena de ser leído es mayor y el desafío también es más grande».

En el borde sutil entre asustar pero no demasiado -y según la edad-, y tensionado por una realidad siempre novedosa, el terror en literatura infantil propone abordar todos los temas con un tratamiento cada vez más original. Y sigue convocando a los chicos a la repetición de la antigua ceremonia: abrir el libro para salir a jugar.

Libros recomendados

Para compartir antes de dormir

Una cama para tres, de Yolanda Reyes (Alfaguara)

Lo que hay antes de que haya algo, Liniers (Pequeño editor)

Secretos de familiaEl globo, de Isol. (Fondo de Cultura Económica).

La camisa fantasma, Roberta Iannamico (Capital Intelectual)

Miedo, Graciela Cabal (Sudamericana)

La noche de los ruidos, Estela Smania (Sudamericana)

Para reírse de los monstruos

Los monstruos ya no asustan, de Javier Peña (Calibroscopio)

Cuentos disparatados de monstruos, de Gabriela Keselman (Ediciones SM)

El colectivo fantasma y otros cuentos del cementerio, de Ricardo Mariño (Ed.Atlántida)

Para los que leen solos

El hombre sin cabeza y otros cuentos (Atlántida) de Ricardo Mariño

La casa maldita y El regreso a la casa maldita (novelas) (Alfaguara) de Ricardo Mariño

La fábrica del terrorLos seres extrañosLos devoradores (Alfaguara) de Ana María Shua

Siete esqueletos decapitados, Toño Malpica (Océano Travesía)

Siete habitaciones a oscuras, Toño Malpica y otros autores. Antología. (Norma Editorial)

La piel del miedo, Sebastián Pedrozo (Alfagaura)

Queridos monstruos y Socorro de Elsa Isabel Bornemann (Alfaguara)

Terrores nocturnos, de María Brandán Aráoz. (Alfaguara)

Ángeles y demonios, de Jorge Accame (Alfaguara)

Universales

Dedos en la nuca, Antología. (Ediciones SM). Autores varios

Noches de pesadilla (Antología de cuentos de terror). (Alfaguara) Prólogo de Marcelo Birmajer

Terroríficos (cuentos tradicionales adaptados y compilados por Ana María Shua) (Emecé)

Gabriela Baby

Entrada original:

https://www.lanacion.com.ar/1907507-para-que-sirven-los-monstruos-el-encanto-del-terror

Cuento «El pato y la muerte»

En esta entrada pueden leer el texto completo del cuento «El pato y la muerte» de Wolf Erlbruch. Esta narración nos invita a reflexionar junto a los niños y niñas sobre la muerte, cuando están pasando un proceso de duelo.

portada cuento el pato y la muerte
Portada del libro de Barbara Fiore Editora

Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño.

– ¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La muerte le contestó:
– Me alegro de que por fin me hayas visto…Soy la muerte.

El pato se asustó. Quién no lo habría hecho.

– ¿Ya vienes a buscarme?

– He estado cerca de ti desde el día en que naciste… por si acaso.

– ¿Por si acaso?- preguntó el pato.

– Sí, por si te pasaba algo. Un resfriado serio, un accidente… ¡nunca se sabe!

– ¿Ahora te encargas de eso?

– De los accidentes se encarga la vida; de los resfriados y del resto de las cosas que os pueden pasar a los patos de vez en cuando, también. Sólo diré una: el zorro.

El pato no quería ni imaginárselo. Se le ponía la carne de gallina.
La muerte le sonrió con dulzura.
Si no se tenía en cuenta quién era, hasta resultaba simpática; incluso más que simpática.

– ¿Te parece ir al estanque?- preguntó el pato.

La muerte ya se lo había temido…Después de un rato, la muerte tuvo que admitir que su pasión por zambullirse tenía límites:

– Perdóneme, por favor- dijo-. Necesito salir de este lugar tan húmedo.

– ¿Tienes frío?- preguntó el pato- ¿Quieres que te caliente?

Nunca nadie se había ofrecido a hacer algo así por ella.
A la mañana siguiente, muy temprano, el pato fue el primero en despertarse.

– “¡No me he muerto!” , pensó.

Le dio a la muerte un golpecito en el costado:

– ¡No me he muerto! – graznó henchido de felicidad.

La muerte levantó la cabeza:
– Me alegro por ti- dijo desperezándose.

– ¿Y si me hubiera muerto…?

– Entonces no habría podido descansar tan bien – contestó la muerte bostezando.

“Esa respuesta no ha sido nada simpática”, pensó el pato. A pesar de que el pato se había propuesto, a partir de ese momento, no volver a decir nada más, no aguantó mucho tiempo callado:

– Algunos patos dicen que te conviertes en ángel. Te sientas en una nube y desde ahí puedes mirar la tierra.

– Es posible- la muerte se incorporó-, pero de todas maneras tú ya tienes alas.

– Algunos patos también dicen que en las profundidades de la tierra hay un infierno en el que te asan si no fuiste un pato bueno.

– Es asombroso todo lo que se cuenta entre los patos, pero quien sabe…

– ¿Entonces tú tampoco lo sabes?- grazno el pato.

La muerte sólo lo miró- ¿ Qué hacemos hoy?- preguntó de buen humor

– Hoy no iremos al estanque- exclamó el pato- ¿Qué te parece si hacemos algo verdaderamente emocionante?

La muerte se sintió aliviada- ¿Subirnos a un árbol?- preguntó burlonamente.

El estanque se veía muy, muy abajo. Ahí estaba, tan silencioso…y solitario.
“Así que eso es lo que pasará cuando muera”, pensó el pato…“El estanque quedará”… desierto. Sin mí.”
A veces, la muerte podía leer los pensamientos.

– Cuando estés muerto el estanque también desaparecerá; al menos para ti.

– ¿Estás segura? – preguntó el pato desconcertado.

– Tan segura como seguros estamos de lo que sabemos- dijo la muerte.

– Me consuela, así no podré echarlo de menos cuando…

– ….hayas muerto- terminó la muerte

– ¿ Por qué no bajamos?- le pidió el pato un poco después-Subido en los árboles se piensan cosas muy extrañas-.

Durante las siguientes semanas, fueron cada vez menos al estanque. Se quedaban sentados en cualquier lugar que tuviera hierba y casi no hablaban.
Hasta que un día, una ráfaga de aire fresco despeinó las plumas del pato y éste sintió frío por primera vez.

– Tengo frío- dijo una noche- ¿Te importaría calentarme un poco?

La nieve caía. Los copos eran tan finos que se quedaban suspendidos en el aire. Algo había ocurrido. La muerte miró al pato.
Había dejado de respirar. Se había quedado muy quieto.
Lo acarició para colocar un par de plumas ligeramente alborotadas, lo cogió en brazos y se lo llevó al gran río.
Allí, lo acostó con mucho cuidado sobre el agua y le dio un suave empujoncito
Se quedó mucho tiempo mirando cómo se alejaba.
Cuando le perdió de vista, la muerte se sintió, incluso, un poco triste.

Pero así era la vida…

FIN

Biografía del autor Wolf Erlbruch:

https://es.wikipedia.org/wiki/Wolf_Erlbruch

El lenguaje gráfico en la Literatura Infantil

libros álbum
Libros álbum

Texto e imágenes: «La articulación de un discurso» por Lic. Ma. Fernanda García

A veces la ilustración aparece como un elemento que, de primera vista, permite diferenciar una obra para niños de una para adultos. En Occidente el referente es casi obligado: si tiene dibujos, probablemente sea para niños (a excepción de los cómics y los libros de arte). Es cierto que la literatura infantil se ha nutrido del lenguaje gráfico como un elemento para completar y articular su discurso. Por un lado, estos libros utilizan la ilustración como un adorno o acompañamiento al texto, una repetición de lo dicho desde el mensaje escrito. Por otro lado, está el libro álbum, definido por Barbara Bader como:

«[…] texto, ilustraciones, diseño total; es obra de manufactura y producto comercial; documento social, cultural, histórico y, antes que nada, es una experiencia para los niños. Como manifestación artística, se equilibra en el punto de interdependencia entre las imágenes y las palabras, en el despliegue simultáneo de dos páginas encontradas y en el drama de dar la vuelta a la página.».[1]

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